Ermita de Nuestra Señora de la Soledad

 

Conocida también como la ermita del Calvario. Sus orígenes podrían fecharse a lo largo del siglo XIX. Obviamente, aquella primigenia construcción no sería igual que el actual. Las escasas imágenes que se conservan, anteriores a la guerra de 1936-1939, la definen como una pequeña iglesia de características constructivas muy similares a la ermita del Cabo: blanca y de perfiles rectos, aunque de mayores dimensiones.

 

La ermita del Calvario, se encuentra al final del "calvario": Un conjunto de 14 estaciones del vía crucis, que se materializan en los mojones que jalonan la colina. La construcción de estos calvarios es una tradición propia del mundo católico que, como respuesta a las disidencias protestantes, decidió exaltar sus dogmas. Los "Calvarios" y la "Semana Santa", tienen el mismo origen barroco a partir de mediados del siglo XVII. No obstante, en las poblaciones de poca importancia, estas pequeñas metas de peregrinación se construyeron a lo largo del siglo siguiente.

 

En realidad el proceso era muy simple: la población, para demostrar su fe, elegía un promontorio en las afueras del pueblo. En la cúspide se erigía una ermita, y el camino sinuoso que llevaba hasta la misma se jalonaba con monolitos que representaban cada uno de los misterios de la pasión de Cristo. La senda, en pendiente, solía ser prolongación de una calle del pueblo que partía de la iglesia parroquial emparentando con ésta mediante itinerarios fácilmente reconocibles. Las procesiones partían del templo principal, recorrían las calles del pueblo ya elegidas hasta llegar a la primera estación, casi siempre en pendiente, que salía del pueblo y conducía al peregrinaje hasta el cerro coronado con la ermita. Allí se veneraba un Cristo, ya fuera el Ecce-homo, Nazareno, Jesús Crucificado o en los brazos de su madre, la Piedad, siempre rememorando uno de los episodios dolorosos.

 

Este es, también el caso del Calvario de Santa Pola. La iglesia de la localidad, a mediados del siglo XIX, se encontraba en su emplazamiento aunque con otro diseño y estructura. Desde allí partía la comitiva del vía crucis en dirección norte, pasaba por la plaza Mayor de entonces (hoy del Mestre Quislant) y continuaba por la calle del Calvario; por ese motivo recibe esta denominación, al menos, desde 1863. La calle, en pendiente, conducía al inicio de las estaciones del calvario, en las estribaciones de la sierra; quizás, también, por eso esta misma calle se denominara desde 1812 como de la Sierra, donde conducía. Una vez allí se rezaban los misterios y se ascendía, poco a poco, hasta llegar a la ermita, en el interior de la cual esperaba, tal vez, la misma imagen que hoy se venera allí: la Piedad. Estas coincidencias parecen apuntar que el Calvario de Santa Pola se ejecutó en torno a 1850.

 

Además, aquella pequeña ermita del siglo de las epidemias cambiaría su fisonomía en momentos de mayor fervor religioso, como los vividos por la sociedad española en la década de 1940, después de la guerra. La actual silueta, más próxima a un eremitorio musulmán, data de 1944, seguramente cuando se bendijeron las fábricas transformadas. La reconstrucción parece ser obra de Antonio Serrano Peral, arquitecto de Elche y vinculado a Santa Pola en aquellos años.

 

La actual ermita debe ser una ampliación de la primitiva. Se trata de un pequeño templo de planta rectangular (de unos 3,30 por 10 metros), conformado por la adicción de tres cuadrados: el primero, desde el acceso, configura la nave; el segundo, define el supuesto crucero, y el tercero, a partir del altar, cierra la sacristía. Cada una de estas partes se cubre de forma diferente a alturas distintas, entre los 3,30 y los 4,50 metros. La nave y la sacristía tienen las cubiertas planas mientras que el crucero se cierra con un casquete esférico. La composición volumétrica, de este modo, resalta los perfiles cúbicos de cuerpos geométricos simples con el contrapunto de la cúpula, bajo los arranques de la que asoman cuatro contrafuertes en talud. Completa el volumen de esta arquitectura unos muros bajos, flanqueando la entrada, los cuales sirven de asiento al penitente o visitante.

 

El espacio interior unitario, formado por la unión de la nave y el crucero, esta iluminado por las ventanas laterales practicadas en cada uno de los muros de mampostería recubiertos de mortero. El espacio se sacraliza tanto por la huella del eje longitudinal, que une portada e imagen del altar, como por el discreto eje vertical, que materializa la media naranja, repitiendo una variante del esquema de los templos jesuítico. Mientras volúmenes y espacios son austeros y rotundos, la decoración exterior es de ascendencia morisca diseñada por el arquitecto mencionado, con la puerta a modo de “iwan” (con un arco de herradura apuntado) enmarcada en un "alfiz" y un relieve que pretende imitar diseños islámicos, y con una cenefa de seriada geometría en la cúpula. La certeza de que el culto es cristiano lo atestigua la espadaña, las cruces (hasta cuatro) y la omnipresente campana que anuncia los ritos litúrgicos.» (*)

 

«Durante la Guerra Civil fue quemada; siendo reconstruida al terminar la misma. La imagen de la Virgen de la Soledad es gemela de una de Tabarca; a raíz de la quema de imágenes, en 1936, un devoto, Pepe Ruso, consiguió salvar la cabeza de la imagen de Tabarca, y ella sirvió de modelo para realizar las dos nuevas, esta de Santa Pola y la de Tabarca.» (**)

 

(*) Andreu Martínez i Medina. Les ermites del terme de Santa Pola. Santa Pola, 2000.

(**) Ramón Candelas Orgilés. Las ermitas de la provincia de Alicante. Alicante, 2004.

 

 

Manolo Serrano, 23/05/2012

 

Manolo Serrano, 23/05/2012

 

Manolo Serrano, 23/05/2012

 

Manolo Serrano, 23/05/2012

 

Última actualización: 13/06/2017

 

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