Convento de Nuestra Señora de la Merced

 

Afirma el Cronista P. Agustín Arques (1), hijo ilustre de esta villa que una vez conquistada Concentaina por los Cristianos, el rey D. Jaime fundo, en 1248, un suntuoso convento de la Inclita Orden de Nuestra Señora de la Merced. Como todos los demás conventos, fundados por entonces, este fué edificado fuera de las murallas de la villa, algún tanto apartado de ellas, y en el punto donde se conserva todavía la antigua Torreta, perteneciente hoy a la familia Esteve Chafer. La fábrica de dicho convento de Concentaina, dice el mencionado P. Arques, era tan suntuosa que la larga duración de más de cuatro siglos no ha sido bastante para borrar del todo sus ruinas. Estaba este fundado entre Concentaina y Muro, bastante separado de los muros de la villa, al pié del Monte del Castillo, en el sitio que hoy llaman la Torreta de Fitor, donde se descubren parte de sus fundamentos, cuya pared, desde la Torreta, sigue hacia levante hasta introducirse en otra posesión de huerta, llamada el Huerto de Vaello y hoy de Bono. Sin embargo de haber señalado el Camino Real de Valencia por medio de estas dos posesiones de huerta, es tan sólida la pared principal del convento que a poco cuidado que se ponga, se distingue aquel grande muro que atraviesa por medio del camino y baja desde la Torrecilla, en donde se ven otras ruinas y siendo de una distancia considerable, manifiesta claramente la suntuosidad de su antigua fábrica.

 

Comprueba el mismo P. Arques la fundación y existencia del mencionado convento por varios instrumentos fidedignos: Primero, por una escritura, conservada en el Archivo de la Merced de Játiva, y otorgada en la villa de Concentaina, el 7 de Marzo de 1256, en la que consta que Jimen de Castalla, vecino de Concentaina, hizo donación de ciertas tierras a Fr. Domingo de la Paz, Comendador del convento de la Merced de Concentaina. Segundo, por una Bula del Papa Urbano IV en la que pone bajo la protección pontificia todas las casas de la Merced, fundadas has entonces, como lo había hecho su antecesor Inocencio IV, en 1245, añadiendo las fundadas, desde aquel año, hasta 1262, y entre las añadidas pone la casa y convento de Concentaina. Y tercero, por otras tres Bulas pontificias: la primera de Clemente IV, en 1267; la segunda de Gregorio X, en 1272 y la tercera, de Nicolao IV, fechada en 1291; en todas las cuales se hace mención del convento de Nuestra Señora de la Merced de Concentaina. […]

 

El P. Pedro de San Cecilio (2), de la Orden de la Merced y Analista de la misma, no duda en afirmar que este convento desapareció, durante las guerras entre Aragón y Castilla, reinando D. Pedro IV de Aragón (3). Se perdiéronse entonces, dice este analista, los conventos de la ciudad de Segorbe y villa de Denía, Gandía, Concentaina, etc. El Padre Arques (1), también mercedario y analista de esta Orden, precisando más que el anterior, y con mayor fundamento escribe: Este fué de los primeros que se arruinaron en 1348, a causa de estar sus religiosos adheridos al partido del rey, D. Pedro, Patrón y Protector de la Religión, como era de su obligación, y como lo estaba también la villa de Concentaina, sin querer entrar en la perversa Unión de Aragón y Valencia contra el rey. Esta fidelidad de los religiosos de la Merced fué causa de la ruina del convento.

 

Cree el mismo P. Arques (1) que este suntuoso convento fué destruído durante los quince días, que Juan Jiménez de Urrea, jefe de los unionistas, tuvo sitiada la villa en 1348. Estas son sus palabras: En esta ocasión fué cuando se perdió el convento de Concentaina, porque sobre el encono que tenían aquellos rebeldes contra los religiosos de la Merced, por no querer apartarse de la fidelidad del Monarca, aquel convento que estaba edificado fuera de los muros de la villa, lo arruinaron los rebeldes de la Unión en los 15 días que estuvieron en el cerco; pues siendo como era fábrica muy fuerte y fundado al pié del castillo, podía impedirles el sitio y rendición. Por lo que arruinaron la fábrica, destrozaron los olivares, talaron los árboles, arrancaron las viñas e hicieron infinito daño a las huertas y demás posesiones del convento.

 

Algunos años más tarde, hubo ocasión para reedificarse este convento, en virtud de un decreto, dado por el rey D. Pedro, no en el mismo sitio, sino dentro de los muros de la villa; pero el estado económico de la Orden y otras causas que indica el P. Arques (1), no permitieron su reedificación, perdiendo para siempre este monumental edificio, y con él, el bien espiritual que de sus religiosos hubieran podido sacar los vecinos de esta villa. (4)

 

(1) Agustín Arqués y Jover, 1734-1808.

(2) 1596-1668.

(3) 1319-1387.

(4) Luis Fullana Mira. Historia de la Villa y Condado de Concentaina. Valencia, 1920.

 

Última actualización: 07/02/2017

 

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