Capilla de Finca Abril (Fabraquer)

 

La Finca Abril está situada en la partida de Fabraquer, en la confluencia de la carretera de Alicante a Valencia, el camino de Marco y la calle San Antonio que lleva al centro neurálgico de San Juan.

 

Ya existía en el siglo XVIII y debe su nombre al canónigo Abril, que fue su primer ocupante. Corrobora este hecho una lápida encontrada en la finca en la que se hace referencia al momento en que la hacienda pasa de la hermana del Canónigo Abril, Doña Margarita, a su hijo D. Antonio Ferrándiz y Abril, fundando con dicho inmueble un vínculo del que tuvo posesión judicialmente el 17 de enero de 1795.

 

A mediados del siglo XIX, era propietario de la finca D. Jaime Maissonave, de ascendencia gala y poseedor de importantes negocios vitivinícolas. El hijo mayor, D. Eleuterio Maissonave y Cutayar, nombrado Alcalde de Alicante del primer Ayuntamiento elegido por sufragio universal masculino, a los 29 años de edad, se hace cargo de la finca en la década de 1860, tras la muerte de su madre .

 

La finca fue vendida, a finales de dicho siglo a D. Rafael Beltrán Ausó, (1856-1925). Diputado a Cortes, senador y abogado alicantino, quien había tomado la Alcaldía de Alicante tras el cese de E. Maisonnave, del cual era buen amigo y hombre de confianza.

 

Los distintos propietarios que ha tenido, le han aportado el carácter tan singular que ahora se puede apreciar. Se dice que en 1907, la ocupaba D. George Gilles, dueño de la fábrica de conservas “Las Palmas”, que había junto a la playa de Babel, lo cual no tiene sentido porque D. Rafael Beltrán Ausó pasó la propiedad a su hijo, D. Rafael Beltrán de la Llave, el cual había nacido en la casa y sentía un especial apego por ella.

 

En plena guerra civil, fue requisada por la República y pasó a formar parte de los edificios que se usaron para instalar colonias infantiles. San Juan recibió durante la contienda, 800 niños de la guerra, llegados de todas partes del territorio nacional. Aunque se desconoce el número total que fueron alojados en la finca, en principio las colonias debían acoger entre 25–30 escolares, pero todas superaron en mucho estas cifras a medida que iba avanzando la guerra.

 

El equipo docente de cada colonia consistía en un maestro o maestra responsable del colectivo, más otra maestra, ayudados en ocasiones por auxiliares docentes; todos retribuidos por el ministerio de instrucción pública. A los que se añadía el personal de servicios (cocinera, lavandera, limpiadora), variable según el tamaño de la colonia y contratado por el responsable de ella. Los fondos económicos procedían del ministerio de Socorro Rojo Internacional (SRI) y de diversos simpatizantes extranjeros. En la provincia ejercieron su patronazgo los comités de Suecia, Bélgica y Argentina.

 

Tras la finalización de la contienda, la propiedad vuelve a su dueño, encontrándose éste con un paisaje desolador, ya que los jardines habían sido arrasados y el interior de la casa saqueado, prácticamente todo el mobiliario fue robado ó inutilizado. Ante este panorama, D. Rafael Beltrán de la Llave queda terriblemente afectado, no viendo otra salida que la venta del inmueble a D. José Ramón Mira Ferrándiz, empresario local con importantes negocios dentro de los sectores de la construcción y la alimentación.

 

Este nuevo propietario acomete una restauración integral del inmueble durante los años 40, devolviéndole a la finca el antiguo esplendor perdido.

 

A principios de los años 70, se vuelven a acometer obras de notable importancia, a cargo del Doctor Arquitecto Miguel López González, por encargo de Doña Carmen Mira Ferrándiz, hija del anterior propietario. Durante esta reforma, entre otras cosas, se eliminan todas las habitaciones de la primera planta que dan al Norte, dejando en su lugar una amplia terraza y se añade en planta baja, un nuevo acceso al sótano desde la zona de la cocina. Por fuentes orales, se sabe que la gran terraza de la planta primera ya existía cuando la casa fue adquirida por José Ramón Mira, pero éste quiso aumentar el número de habitaciones en dicha planta y, para ello, la eliminó por completo. Cuando el arquitecto Miguel López asumió la dirección de los trabajos de restauración, quiso devolverle a la finca su configuración original, restituyendo dicho elemento. La baranda original estaba realizada con piezas cerámicas de celosía y era de poca altura.

 

En 1989 la finca vuelve a cambiar de propietarios, siendo esta vez adquirida por los hermanos José y Manuel Ten, fundadores de Industrias Jimten y pioneros en el desarrollo de la industria del plástico en España, que dio lugar a la sustitución del plomo por dicho material.

 

Por primera vez, la finca no es empleada como una residencia, sino que pasa a tener una función comercial. Tras unos importantes trabajos de rehabilitación, la finca se convierte en un espacio de ocio, donde el visitante puede disfrutar de un entorno privilegiado, amenizado con música clásica y un servicio extraordinario.

 

Con respecto a la capilla que había en el interior de la hacienda, fue construida a principios del siglo XVIII y se hallaba situada en la casa de planta baja que hay junto a la entrada principal. (*)

 

Actualmente existe una ermita, bajo la advocación de Nuestra Sra. del Rosario, situada al este del edificio principal, en un lateral que linda con los muros que ahora delimitan la finca con la carretera de Alicante a Valencia que, con posterioridad a 1940, para su protección y mejor conservación, el Párroco de San Juan, accedió a que quedara incluida en la cerca de la Finca Abril, pues hasta entonces tenía acceso desde la calle.

 

(*) Finca Abril

 

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Manolo Serrano, 13/12/2014

 

Manolo Serrano, 13/12/2014

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Manolo Serrano, 13/06/2012

 

Última actualización: 12/06/2017

 

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