Capilla del Cementerio Viejo

 

« […] A partir de la expulsión de los moriscos, ya con población plenamente cristiana, y hasta la construcción del cementeri vell en 1816, se dio sepultura, al igual que en el resto de poblaciones, en la antigua iglesia parroquial que ocupaba el mismo solar que la actual, aunque eso sí, de dimensiones más reducidas. [...] Desde el 23 de agosto de 1783, fecha en que fue bendecido el nuevo templo y hasta la bendición del cementerio el 3 de junio de 1816, 33 años, los enterramientos se siguieron efectuando en la nueva iglesia. […] Los últimos enterramientos que se efectuaron en el templo parroquial tuvieron lugar después de la guerra civil. Se enterraron, en el verano de 1939, en un acto de carácter político-religioso, en la nave central a los petrerenses que fueron fusilados en Alicante, enterrados en la fosa común del cementerio de dicha ciudad y, posteriormente, trasladados en comitiva a la iglesia parroquial de Petrer donde recibieron cristiana sepultura.

 

Hoy, cuando hablamos del cementerio, siempre tenemos presente el que existe actualmente y que fue concluido el año 1935. Pero, sin lugar a dudas, nuestros mayores todavía recuerdan el cementeri vell”, como ellos lo conocían, donde estaban enterrados sus seres más queridos. Referente a la construcción de ese cementerio existe un expediente en el Archivo Municipal con el título de Diligencias practicadas sobre la construcción del sementerio o campo santo en virtud de órdenes superiores, que aporta toda la información referida a la construcción del mismo […] En el expediente aparece en primer lugar una remitida por el corregidor de la ciudad de Orihuela, el día 22 de mayo de 1804, siguiendo las directrices dictadas por el Consejo de Castilla, en la que se reflejan los perniciosos efectos que ha producido siempre el abuso de enterrar los cadáveres en las iglesias. […] El 28 de junio de 1804, a través de una nueva orden circular publicada en Madrid y remitido posteriormente desde Orihuela a Petrer, se promueven las reglas que han de regir para la construcción de cementerios. Entre éstas destacan la de erigirlos fuera de las poblaciones en parajes bien ventilados. […] El documento concluye que para este tipo de obras no son necesarios grandes fondos, y aún de los precisos puede economizarse persuadiendo a las gentes por las justicias, curas, párrocos y demás personas de autoridad y carácter…. También se exigía que, en el plazo de un mes, debían de estar construidos los cementerios en todos los pueblos que hasta esta fecha no lo tenían y que las obras se habían de iniciar inmediatamente. Justo el mismo día en que se recibió el oficio citado anteriormente, el 19 de abril, el alcalde Tomás Payá y Brotons mandó que se citase para el día siguiente a los componentes del Ayuntamiento y al reverendo clero de la iglesia para que enterados todos de la superior orden, señalen con los maestros el sitio más proporcionado para poderse construir el sementerio”. […]

 

De todo este expediente podemos concluir que en un principio la comisión encargada de elegir el lugar para ubicar el cementerio pensó en el castillo, pero no resultó adecuado porque las aguas pluviales podrían tener filtraciones y derramar sobre las aguas potables; el segundo sitio escogido en las boltetas orilla de la rambla tampoco fue apropiado por carecer de ventilación necesaria y por ser las tierras excesivamente caras y, finalmente, se eligió el lugar, conocido por todos, situado en la parte norte del pueblo, al otro lado de la rambla de Puça.

 

El cementerio fue bendecido el 3 de junio de 1816 por el cura con licencia de D. Juan Pont, provisor y vicario general. El visitador ordenó que todos los años, el día de la conmemoración de los difuntos por la tarde, concluidos los oficios en la parroquia, fueran procesionalmente el cura y el clero a responsar al cementerio previo aviso al pueblo y con repique de cámaras.

 

Según consta en el libro del presbítero don Conrado, el cual, basándose en el Libro de visitas y refiriéndose concretamente a la efectuada por el Sr. Don Diego Flores Avellán, deán de Alicante y visitador general de todas las iglesias de su vicaría, el día 10 de febrero de 1817 y después de visitar la parroquia y ermitas pasó la visita al cementerio, construido el año anterior. En el libro se hacía un breve descripción de la capilla del campo santo: Al frente tiene su capilla sin otra cosa que la mesa altar y un crucifijo llamado de los Montesinos”.

 

Fuera del campo santo había, situado enfrente de la puerta principal, un banco de obra de forma semicircular en el que la gente descansaba mientras rezaba a sus seres más queridos. […]

 

El Ayuntamiento acordó en sesión plenaria celebrada el 30-X-1969, previa autorización del vicario general del Obispado de Orihuela-Alicante, que se realizaran las obras de demolición del cementerio parroquial, que según el acta había sido clausurado hacía 40 años y se hallaba en estado ruinoso, constituyendo un obstáculo para la necesaria urbanización de la villa. El consistorio concedió un plazo de 30 días hábiles para que las personas interesadas en la exhumación de restos lo comunicasen a las oficinas municipales, a pesar de que ya se había realizado hacía muchos años la exhumación casi total de cadáveres. La demolición del viejo cementerio se hizo efectiva a principios de los años setenta. […]» (*)

 

(*) El cementeri vell Mari Carmen Rico Navarro

 

 

Foto: Petreraldia, s/f

 

Última actualización: 05/06/2017

 

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