Ermita y Convento de San Sebastián

 

En el término de Castalla y en la partida denominada del Convento Viejo existía desde mucho tiempo atrás, sin que se conociese su origen, una ermita dedicada a San Sebastián.

 

El 24 de Agosto de 1574, el Revdo. Padre Fray Francisco Giménez, Custodio de la Orden de Religiosos Descalzos, tomó posesión de ella para dedicarla a convento de su Orden como consta en acta que levantó el notario D. Gaspar Rico en dicha fecha. Junto a esta ermita edificaron un pequeño convento los religiosos de la orden. Terminadas las obras, a los dos años aproximadamente, trasladaron a Jesús Sacramentado desde la parroquia a la iglesia del convento en solemne procesión el día 4 de Marzo de 1576.

 

La comunidad de Padres Descalzos permaneció en este convento hasta 1585 en que lo abandonaron a causa de las muchas enfermedades palúdicas que padecieron, debidas probablemente a la contaminación producida por unas aguas cercanas llamadas “Els ameraors” donde allí se ponía a remojo el esparto.

 

Haciendo uso de las licencias concedidas del Real Supremo Consejo de Su Majestad con fecha 29 de Abril de 1586, los Padres Fray Marcos de Noa, Corrector del Convento de San Sebastián de Valencia y Vicario General de la Orden de Mínimos de la provincia de Aragón, Fray Adriano de Urus, Corrector del convento de Ntra. Sra. de Olivar de Alacuás, Fray Francisco de Peralta, Fray Simón Palacios y Fray Miguel Bosch, religiosos Mínimos, se constituyeron y tomaron posesión del abandonado Convento, después de haber presentado dichas licencias al Justicia y Jurados de la villa, el día 8 de Mayo de 1586 según lo atestigua el notario D. Martín Juan Barceló en acta de esa fecha.

 

El Arzobispo de la Diócesis, San Juan de Ribera, concedió permiso a esta comunidad de Mínimos de San Francisco de Paula para que hiciesen las obras necesarias de ensanche y reparación de este convento.

 

A mediados del siglo XVIII se pudo apreciar que el edificio del Convento amenazaba ruina. Por este motivo y por el de estar demasiado alejado de la población, decidieron las autoridades eclesiásticas y civiles edificar otro convento nuevo, más cercano.

 

Para obtener las licencias necesarias, los Superiores de la Comunidad impusieron una serie de condiciones. De éstas, destacamos la 8ª.- «Que construido el Convento y trasladado el Santísimo Sacramento, sea derruido el viejo y la ermita de Santa Bárbara, quedando los materiales de ésta para la fábrica del nuevo y el sitio para ensanches del mismo, y la imagen de Sta. Bárbara sea colocada en un altar del nuevo convento». (*)

 

Este nuevo convento es el que actualmente conocemos como de San Francisco de Paula.

 

(*) María Luisa Torró Corbí. Crónica de Castalla. Alicante, 1982.

 

Última actualización: 22/03/2014

 

Imagen Aleatoria

c12181m.jpg