Ermita de Nuestra Señora del Castillo de Agres

 

«...Su origen está vinculado a la tradición de la aparición de la Virgen al pastor Gaspar Tomás el 1 de septiembre de 1484. En esta fecha se inicia la construcción de una pequeña ermita de base rectangular y con una sencilla espadaña sobre su fachada. La ermita fue levantada justo en el mismo lugar donde se considera apareció la imagen de la Virgen.

 

A la vista de la devoción creciente que los fieles estaban profesando a la Virgen del Castillo, el Señor de la Villa de Agres y Baronía de Sella, Don Gaspar Calatayud, solicitó al Arzobispo de Valencia Don Juan de Ribera le permitiera establecer una comunidad de franciscanos para atender a las nuevas necesidades de la ermita. En consecuencia, un grupo de religiosos del convento de San Bernardino de Bocairent tomó posesión el 16 de enero de 1578. Comenzaba ya otra época en que los nuevos cuidadores de la ermita la agrandaron, envolviéndola con sus dependencias conventuales, con el objetivo de realzar el culto a la Virgen y atender a los peregrinos que acudían desde muy distintos lugares. Los franciscanos se volcaron no sólo sobre el Santuario, sino también colaborando con el clero parroquial para la mejor atención a los vecinos de Agres.

 

En 1836, como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, los frailes fueron expulsados del convento, al igual que ocurrió con otros conventos y monasterios de España, que fueron vendidos por el Estado a particulares para sacar fondos para las vacías arcas nacionales. Sin embargo, y previa solicitud formulada por el Ayuntamiento de Agres y por su Párroco, en 1848 el Estado concede el edificio al Ayuntamiento nuevamente, con el fin de dedicarlo al servicio público de hospicio, casa de beneficencia y escuela. La ermita se mantuvo abierta y el Ayuntamiento puso un ermitaño para cuidar de ella, Miguel Cerdá Peris, que murió en 1869 a los 80 años de edad.

 

El 28 de octubre de 1891 vuelven los franciscanos a hacerse cargo de la ermita o santuario. Comienza una época dorada, no sólo por las cuantiosas mejoras físicas en la iglesia y dependencias conventuales. El advenimiento de la República en 1931 supuso nuevamente la disolución de la comunidad y los franciscanos dejaron otra vez huérfano el santuario de la Virgen y, aunque volvieron por unos meses en 1935, el comienzo de la guerra civil en 1936 supuso un nuevo desastre no sólo para el convento y santuario sino para la propia imagen de la Virgen del Castillo de Agres, venerada por multitud de fieles desde 1484, y profanada y quemada el 12 de septiembre de 1936.

 

El final de la guerra civil cerró el paréntesis anterior. La nueva imagen de la Virgen de Agres que presidiría desde entonces su ermita o santuario fue obra de un artista hijo de Agres, Remigio Soler Tomás Chofra, que fue bendecida solemnemente en 1939. El hecho de que los franciscanos se hicieran cargo de la parroquia y del santuario parece que facilitó el resurgir de la devoción a la Virgen de Agres, incrementando la asistencia a sus actos religiosos.

 

En 1962 los franciscanos dejaron de hacerse cargo de la parroquia y en 1964 se despidieron de su convento, al que habían sido llamados en 1578...». (1)

 

(1) Rafael Reig Bodí. Cronista oficial de la Villa de Agres. Publicado en El portal de la Sierra de Mariola.

 

 Última actualización, 14/05/2020

 

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