Cementerio de Pobres (1648-1804)

 

«...La epidemia de peste que azotó Alicante en 1648 hizo que la Iglesia y el Ayuntamiento se planteasen la necesidad de construir un cementerio, alejado del núcleo de la ciudad por aquello de las miasmas, ya que los de las iglesias no tenían capacidad para albergar tanto cadáver. Así se hizo, en uno de los bancales situados a espaldas del edificio que posteriormente se construyó para la Casa de la Misericordia, lo que hoy es fábrica de tabacos. El cementerio sirvió para dar sepultura sólo a los pobres, ya que las iglesias siguieron siendo la última morada de quienes tenían entonces panteones en propiedad, pero en cuanto acabó la peste se volvió a la costumbre de los enterramientos en las bóvedas subterráneas de las iglesias. Obras posteriores lo habilitaron, definitivamente, para enterramiento de pobres y, aunque fue ensanchado en 1778, al decir del cronista debía ser de estrechas dimensiones.

 

La única noticia que tenemos sobre él nos la ofrece el que fuera deán de San Nicolás en 1795. Más que una descripción parece un ejercicio literario escrito con motivo de unos juegos florales. Dice así “...trístemente encanta y subyuga nuestro cementerio, por su blancura, por sus tumbas pequeñas y humildes, por sus fosas bajas y risueñas como cunas (…), las rosas otoñales llenan el ambiente con tierna corona de soledad. El viento chillón y libre barre sobre los sepulcros las hojas amarillas de los esqueléticos árboles. La lluvia triste reverdece, en las junturas de las paredes pétreas y seculares, el musgo y humedece a las siemprevivas y hace llorar a las camelias blancas; y ante las cruces solitarias, aquellas cruces que oran en silencio eterno, se paran a rezar fervorosamente el Padrenuestro, fieles de Alicante”. [...]

 

Las prohibiciones de enterrar a los muertos en las iglesias, dictadas por Carlos III en 1786 y 1787, y el ultimátum dado por Carlos IV ordenando la construcción de un “cementerio común y capaz para todos los alicantinos, obligaron y decidieron a los munícipes y Clero a cumplimentar el mandato real, por lo que el Ayuntamiento, depositando toda su confianza en el Cabildo Colegial, cedió los derechos que le cupieran en favor de los canónigos de la Colegiata y éstos, a partir del año 1798 fueron los encargados de dar a la población un cementerio de conformidad con las ordenanzas entonces vigentes y de acuerdo con las concretas que para Alicante había firmado el Monarca”.

 

La epidemia de fiebre amarilla de 1804, que se llevó al otro mundo a 2.765 alicantinos, y el temor a que tan cruel plaga volviese a reproducirse al año siguiente, decidió al Cabildo de San Nicolás a construir de forma inmediata, según planos de Jacinto Galvañ Tormo, un cementerio común...». (1)

 

Este sería el Cementerio de San Blas.

 

Acerca del denominado Cementerio de Pobres acompañamos la siguiente noticia: «...En Alicante se instaló, en las últimas décadas del siglo XVIII, un cementerio de pobres donde hoy se encuentra la plaza del Panteón de Quijano y la ciudad, acuciada por la epidemia de cólera de 1804, inauguró su primer cementerio extramuros en 1805, en la partida de San Blas...». (2)

 

(1) Adrián López Galiano. Monografías alicantinas II. Cementerios. Págs, 149, 151 y 153.

(2) Andrés Martínez Medina. El cielo y la tierra: Cara y cruz de las ciudades de los muertos en el siglo XIX. Revista Canelobre, Invierno 2014. pág, 441.

 

Última actualización: 24/12/2021